Del descuido y la desatención surgen los accidentes

Diego despertó como todos los días y comenzó a trabajar en las labores de la construcción, su oficio… esta vez el encargo corría por su propia cuenta pues la obra como tal era en su vivienda.
Alistó todas sus herramientas y puso manos a la obra, subió a un andamio de dos pisos y tomó en sus manos una pulidora sin su aditamento de protección y además de esto le colocó un disco de sierra… su segundo y trágico error de ese día.
Y…cuál fue su sorpresa cuando al prender dicho artefacto, este rebotó en lo que pretendía cortar y fue a dar precisamente al frente de su rostro cercenándole desde las cejas hasta la mismísima punta de su nariz.
Por pura suerte en esta historia, Diego, mi amigo albañil, no perdió la vida, pero solo por pura suerte…Cualquiera puede pensar que se trata de una historia ficticia, pero no, fui testigo por decirlo de alguna forma de su rostro cosido por las manos salvadoras de un maxilofacial.
Moraleja de esta terrible historia que le dejó una marca que verá cada día al despertarse y asomarse a un espejo mi amigo… que hay que usar las herramientas con los medios de protección que traen, que no vienen ahí por puro gusto o porque se vean bonitas.
Cierto es que en ocasiones es difícil adaptarse a usar los medios de protección por ser hasta incómodos, pero mire usted ese simple ejemplo que casi le cuesta la vida a él.
Hace unos días cuando visité las obras constructivas que se ejecutan en el antiguo centro estudiantil que está enclavado cerca del monumento de Mal Tiempo, pude observar como un grupo de obreros colocaban una loza prefabricada en una cerca.
Estos no usaban ni cascos, ni guantes, me imagino que sus botas no eran las idóneas, la loza la izaron a pura mano limpia y la cerca se tambaleaba cual maromero en la cuerda floja y luego son los accidentes que pasan.
Pienso que lo primero que se debe tener en cuenta allí es la vida y la protección precisamente de esos hombres y mujeres que construyen para el disfrute de las personas.
¿Dónde quedó el especialista de seguridad y protección de esa entidad?
¿Se les provee, exige y controla el uso de los medios de protección a ellos en todo momento? No lo creo con lo que pude apreciar en ese breve momento de la visita.
¿Acaso hay que esperar que uno de ellos salga herido… con buena suerte como le pasó a Diego?
Creo que mi protagonista aprendió la dura lección ese día y de ahora en lo adelante lo piense mejor antes de echar a andar algún artilugio de este tipo sin antes verificar que todas las medidas de protección estén debidamente tomadas.
Las de los otros obreros se las dejo de tarea principal a aquellos que tienen la seguridad de sus trabajadores en sus manos y recuerden quepor muy empleada y manida que resulte la frase de que los accidentes no son ni tan impredecibles, ni tan accidentales, creo que no hay palabras más precisas que describan, en su justa medida, un fenómeno tan sensible como este.


