No juzgues al libro por la caratula

Hoy les ofrecemos esta historia que nos enseña a darnos cuenta que lo que queremos en la vida está ahí enfrente de nosotros, si solamente abrimos nuestros ojos y aceptamos lo que vemos. La historia habla acerca de un joven egoísta y de mal temperamento y su padre rico pero religioso a la vez. La madre del joven había muerto cuando el apenas era un chiquillo.
El padre, temiendo ser demasiado alcahuete con su hijo, muchas veces se mostraba estricto hacia este joven de mal carácter. Cuando el joven estaba cerca a graduarse de la universidad, él y su padre habían hablado de cuál sería el mejor regalo de graduación. Después de hablar, el hijo decidió que su sueño más grande, era que él quería un auto exótico deportivo. Su padre estuvo de acuerdo que un nuevo auto sería un buen regalo para una ocasión tan especial como ésta. En el día de la graduación, el padre y el mejor amigo de infancia de su padre fueron a la ceremonia de graduación. Después de que el joven recibió su diploma, el padre, orgullosamente lo abrazó y, con lágrimas en sus ojos, le dijo a su hijo que ese era el día más feliz de su vida. Asimismo, su padre le dio a su hijo un paquete bien envuelto, diciéndole, «Estoy muy feliz al darte un presente el cual, espero lo disfrutes por el resto de tu vida.» El joven sonriente rompió la envoltura de su regalo.
Pero en un instante, su sonrisa se disolvió en una mirada extraña, luego se transformó en enojo. En vez del presente que tanto había soñado – un juego de llaves de un auto nuevo – el padre le había regalado a su hijo un libro .El asombro rapidamente se tornó en ira. El joven de mal carácter vio incrédulamente a su padre. Sosteniendo el libro en frente como una ofrenda, el joven airado gritó, «¿Como pudiste regalarme esto cuando tú sabías que lo que yo quería era un auto?»…Levantó el libro más arriba de su cabeza y la lanzó hasta los pies de su padre, gritando con todas sus fuerzas, «Esto es lo que pienso de tu regalo de graduación. ¡Lo odio…y te odio!» Luego dio la vuelta y salió corriendo fuera del auditorio, mientras su padre le decia, «¡Espera! «¡No entiendes…no es lo que tú crees!». El muchacho enojado no escuchó la explicación de su padre, ya que, mientras él salía corriendo fuera del edificio, su padre se tomaba del pecho y caía al piso, muriendo de un ataque masivo al corazón. Los años pasaron. En todo ese tiempo, el hijo maduró, de un joven egoista y de mal carácter, a una persona de edad mediana, muy bondadosa y educada, y con hijos propios.
Una hermosa mañana primaveral, escuchó que alguien tocaba suavemente a la puerta. En la puerta estaba un anciano, con un libro en una mano y un bastón en la otra. El hombre de edad mediana reconoció al anciano, ya que era el amigo de infancia de su padre, e inmediatamente abrió la puerta y lo invitó a entrar. Fueron hacia la parte de atrás de la casa y estuvieron ahí todo el día, recordando los viejos tiempos. Antes de irse, el anciano se volteó de una manera gravemente seria.
Se hizo hacia adelante en su silla y preguntó, «¿Sabes qué es lo que hay en este libro?» Por supuesto que sí. Yo soy un anciano, y ya no tengo mucho tiempo en este mundo. Quiero que sepas que he debatido por mucho tiempo y fuertemente sobre si debía de darte o no esta visita. Pero ahora que hemos hablado, estoy convencido de que hice lo correcto. ¡Tu padre se sentiría orgulloso. ¿Sabes lo que hay en este libro? …le volvió a preguntar…»Mientras hablaba, él extendió su brazo hacia adelante, hasta que el libro estaba a solamente unas pulgadas de la cara del hombre.
«Bueno, creo que no sé,» el hombre respondió con un confundido tono de voz. Este es el libro que tu padre te dio el día que te graduaste de la universidad. Yo la recogí después que tu padre colapsó, y la he guardado todos estos años, esperando el momento correcto para dártelo. Ahora es ese momento. Lo dejaré contigo,» continuó el anciano. «Y confío en que la observarás detalladamente cuando yo me vaya. Creo que encontrarás algo ahí dentro que cambiará tu opinión acerca de tu padre.»
Después de guiar al anciano hacia la puerta, el hombre regresó a la parte de atrás de la casa. Mientras volteaba cada página, se recordaba de la «traición» de su padre en la noche de graduación, y recordó la ira que lo consumía años atrás hasta que volteó la última página, para encontrar pegadas con tape a la última página…las oxidadas llaves de un auto nuevo. EL hombre hizo una pausa por un breve momento, congelado en el tiempo. Se quedó inerte en el silencio, recordando en su mente la fea escena que guio al fatal ataque cardíaco de su padre años atrás. Y entonces comenzó a llorar.
Nunca juzgues a nadie ni a nada sin saber la veracidad de las cosas.


