Policía Nacional Revolucionaria: servidor del pueblo

Sobre la herencia legada por las luchas independentistas y contra la esclavitud, y luego contra los males de la República neocolonial, lo hecho en montañas y en llanos durante la etapa final de la guerra de liberación permitió, desde fecha temprana, que el triunfo revolucionario acendrase la unión combativa de hombres y mujeres de todos los colores. La impetuosa unidad se fortaleció en una fragua en que descollaron sucesos como la lucha con que se aplastó a las bandas de alzados contrarrevolucionarios y a la invasión mercenaria que planeaba establecer una cabeza de playa en Girón.
Hablando particularmente de la policía, la ha distinguido en general el respeto a la dignidad humana y el afán de evitar la violencia. Si algo parece impugnársele por parte del sector ampliamente mayoritario que en la población repudia los hechos delictivos, no es que incurra en el uso desmedido de la fuerza. De lo que a menudo se le tilda a nivel popular es, por el contrario, de la tendencia a comportamientos tolerantes, de los cuales se aprovechan delincuentes y otras personas de conducta indeseable.
En esa realidad habrán influido, además de la propia ética revolucionaria y el modelo de sociedad al que se aspira, los malos recuerdos de la actuación de la policía en la República neocolonial. Súmese a ello el concepto de que la policía revolucionaria no debe parecerse a la del pasado cubano, ni a las que en otros países sirven a intereses dominantes opresores y reprimen brutalmente, en especial, a los más humildes. Y no se descarte el peso que pueda haber tenido el propósito de no dar pábulo a los gestores de la calumniosa propaganda contrarrevolucionaria que, aunque ejercida básicamente desde el exterior, sería un desacierto suponerla carente de ecos y asideros en el país.


